Vacas

Vacas
Carlos A. Aguilera

Dos butacas rojas. Una “pared” de vacas muertas. Dos personajes.
Las vacas serán de cartón, más grandes de lo normal, y colgarán de varios ganchos de carnicería colocados al fondo en forma de cortina. Estas vacas y sus respectivos ganchos deberán ser visibles desde cualquier ángulo del teatro.
En escena, frente por frente a las butacas y a nivel de suelo, un foco blanco, potente.
Personajes: Un hombre y una mujer, vestidos de militares con medallas de diferentes tamaños, estarán sentados limpiando minuciosamente una escopeta. Alrededor: un cepillo, aceite, un paño, etc... Son viejos. Gordos.

HOMBRE: Tú verás que echaremos a andar de nuevo el matadero. ¡Te lo juro!

(La mujer lo mira y asiente. Continúa puliendo su escopeta...)

HOMBRE: Le mostraremos al mundo que la vida sólo es posible en este lugar. (Se besa los nudillos en forma de juramento.) ¡Ya verás! ¿No se quejaban precisamente de que estábamos atrapados en la no-higiene? Pues le mostraremos al mundo que el único lugar donde es posible la higiene es aquí, en un matadero. ¡Ya verás! Vendrán llorando a nuestros pies para que los dejemos entrar. Moscas, empezarán a gritar. Enfermedad, gritarán. Y nosotros aquí, riéndonos.

(La mujer asiente, lo mira brevemente y continúa puliendo su escopeta. De vez en cuando apunta a algún punto del escenario cerrando un ojo y dejando el otro abierto...)

HOMBRE: Tal parece que ya nadie se acuerda de dónde vienen estas medallas. (Se señala el pecho.) Las ganamos matando más vacas en una hora que todos estos facinerosos juntos en un mes completo (hace un gesto en dirección al público). Vacas, vacas, vacas... y nosotros que ni respirábamos ni nada. Vacas, vacas, vacas, con el cuchillo en la mano y sin ningún tipo de música ni ningún otro consuelo. ¡Hasta las doce de la noche!

Y cuando nos cortaron la corriente, ¿qué fue lo que hicimos? Pues salimos a cazar todo lo que apareciese. El matadero era el que no podía parar. ¿No es acaso un matadero el único lugar donde es posible la higiene y el orden? Pues eso, tal y como una vez me dijiste: la higiene y el orden. Y eso fue lo que hicimos.

(La mujer lo mira nuevamente e intenta decir algo. El hombre la corta.)

HOMBRE: Yaa... No lo dijiste exactamente así, pero fue lo que quisiste decir, ¿no? (Mirando en dirección a la mujer.) Matar vacas es lo único que existe en este mundo. ¿Es que alguien ha oído hablar de otra cosa? (Pausa.) Los demás tienen la ilusión de que sí, de que existe otra cosa. Pero no. (Sonríe.) Matar vacas es lo único que existe. Matarlas y descuartizarlas es lo único que existe, hasta que se pudren. Matar vacas por el simple placer de matarlas. Y si un día se acaban, entonces matar lo que aparezca. Así de simple.

MUJER: (Mirándolo casi divertida.) ¿Ya terminaste?

HOMBRE: (Sin escucharla. Comienza nuevamente a pulir su escopeta hasta que se detiene.) Por eso nos envidian. (Grita, señalando a la mujer.) ¡Por eso es que cada vez que salimos del matadero todos ríen bajito y murmuran! Envidian nuestras vacas y nuestras escopetas y hasta nuestros gorriones envidian. ¿No crees que ya no saben que cuando no tenemos vacas matamos gorriones sólo para divertirnos? Montañas de gorriones (hace el gesto de montaña con la mano), sólo para ver cómo la muerte llega, atraviesa a los gorriones y se va, sin hacer aspavientos ni nada; así, como un alfiler...

(La mujer termina de limpiar su escopeta. Se levanta. Apunta hacia algún lugar del escenario y hace con su boca: PUM... Empieza a caminar entre las vacas y alrededor de ellas.)

HOMBRE: Y si un día ya no hubiese gorriones entonces mataremos conejos. Conejos, cerdos, gusanos, lo que sea. Lo importante es matar, sentir el placer que produce matar. Lo demás es sinsentido... ¿Sabes qué? (Se vira buscando a la mujer.) Que si un día no hubiera más animales entonces tendríamos que matarnos tú y yo. Lentamente. Primero una mano. Un pie. El estómago. Iremos cortando diferentes partes de nuestros cuerpos hasta que la muerte venga y nos atraviese. ¿Te imaginas algo más hermoso que eso? (Pausa. Vuelve a limpiar la escopeta. Habla para sí mismo.) La muerte ahí, frente a nosotros, llevándose un pedacito de nuestro cuerpo, un pedacito de ojo... ¡lo que sea! Y nosotros ahí, entrando poco a poco en la muerte. (Vuelve a quedar en silencio un minuto.) ¿Te imaginas algo más hermoso?

MUJER: (Lo mira sonriendo y vuelve a preguntarle): ¿Terminaste?

(El hombre gesticula y habla pero ya no se le escucha, como si le hubieran bajado a cero todo el volumen. La mujer, que sigue dando vueltas alrededor de todo el escenario, se coloca lentamente detrás de él en lo que éste continúa gesticulando y le dispara, en la cabeza.
El hombre se desparrama encima del butacón.
Muerto.
La mujer sonríe y se coloca ahora de frente y le vuelve a disparar: una, dos, tres, cuatro veces... Recoge del suelo la escopeta del hombre, la observa, y desaprueba que aún no esté bien limpia, haciendo un mohín con la boca. Agarra un paño y se pone a friccionarla hasta que brilla. Con la misma escopeta le apunta nuevamente al hombre muerto y hace PUM, bien alto.
Sonríe.
Sale caminando por el pasillo central del teatro, pensativa, con las dos escopetas colgadas en su hombro derecho.
El foco se apaga.)
(Telón.)


Texto: Carlos Alberto Aguilera, Escritor
Logotipo de Revolico: Julio César Llópiz, Artista, Diseñador

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