Seamos Consumidores

La gente dispuesta a sacrificarse no me gusta. Exhiben sus carencias como medallas y los castigos que reciben los despliegan como prendas de lujo moral. Hacen de su propio dolor un espectáculo grotesco. Mueren por la patria, enfrentan las tiranías, luchan por la libertad. Son sencillamente insoportables.

La gente que me gusta es cobarde y oportunista. Disimula, se esconde, no da la cara. Miente cuando tiene que mentir. Roba si puede robar. Traga con un apetito insaciable. Comete excesos. Mi gente está dispuesta a todo con tal de vivir y de gozar. Les encanta la cerveza fría, los chicharrones y apretar en el Malecón.

Desde el poder y desde la oposición se les reclama que sean diferentes. Que defiendan conquistas o conquisten derechos. Que persigan ideales imposibles, sueños inalcanzables, utopías esperanzadoras. Que tengan dignidad. Que griten a favor o que griten en contra. Que sean coherentes. Que se porten bien.

Nadie les pregunta qué quieren hacer, a dónde quieren ir, cómo les va. Se asume que les va muy bien, o que les va muy mal. Que quieren irse, o que quieren quedarse. Que quieren hacer todo lo que no pueden, o que pueden hacerlo todo, pero no quieren. Es más fácil saberse de antemano esas respuesta, tenerlas ya leídas en un libro, haberlas aprendido por anticipado.

En la Cuba de hoy, mi gente anda suelta y sin vacunar. Viviendo del invento, del cuento. Pasando hambre hoy para vestirse bien mañana, y vendiendo pasado mañana la ropa para comprarse ron. Protagonizando la vibrante vida mercantil que late al centro de la convaleciente economía del país. Su apetito por el consumo, por la satisfacción inmediata del deseo, es la motivación que alimenta todos los grandes flujos nacionales.

Revolico es uno de los pocos espacios virtuales donde mi gente puede hacer comunidad. Donde no se les exige que se levanten en contra o a favor de nada. Donde nadie les pide que sean otra cosa, que quieran algo distinto, que le pongan freno a sus pasiones. En Revolico, mi gente se siente mejor.

Quienes pueden hacerlo, compran y venden, alquilan o se alquilan, estafan o se dejan estafar. El resto mira. Construye sus fantasía de consumo con una precisión casi erótica. Sueña con poseer, habitar, conducir, llevar, tragar. Sueña con vivir de verdad en un mundo de mentiritas.

En Revolico mi gente se regodea, se revuelca. Se expresa con desenfado. Habla de gozancia, de ricurancia. Pliega y despliega los límites del lenguaje. Crea y explora universos enteros de información. Aquí todo es mejor, más rápido, más barato, más potente, más confiable, más serio. Cada oportunidad es única, cada oferta es una ganga. O como dice un anuncio: “Se busca de todo menos nada indebido.”

Para quienes quieren entender lo que está pasando ahora mismo en Cuba, Revolico es una de las fuentes de información más ricas y dinámicas. La evolución informal de las telecomunicaciones, del mercado de inmuebles y del alucinante mundo del negocio automotriz puede ser documentada con muchísima claridad. Revolico es el archivo del invento, la crónica de la solución, el registro de la impaciencia material de la nación.

No todo lo que le importa a mi gente está en Revolico, pero hay suficientes datos aquí como para reconstruir una parte importante de su universo referencial. Desde Revolico se puede empezar a entender como funcionan el paquete semanal, el servicio de mulas, el empleo por cuenta propia y hasta el propio desempleo. Incluso el estado cubano contrata gente a través de Revolico:

“Se oferta una plaza de periodista en la Redacción Digital del periódico Juventud Rebelde, con horario super flexible y acceso a internet sin límite. El colectivo de trabajo genial. El salario es estatal, pero deja tiempo suficiente para hacer otras cosas. Interesados llamar al 7881 52 21.”

Hay una transexual cubana que viene de regreso de Austria y quiere conocer muchachos habaneros. Hay un italiano buscando una novia bonita y delgada. La sección de anuncios personales fue eliminada hace unos años, pero mi gente sigue metiendo el cuerpo, buscándose y encontrándose en Revolico.

“Aprovechando el acceso brindado al pueblo de Cuba por el vecino del norte y el presidente Obama, instalamos internet satelital en Cuba. Dinero depositado en EU, antes de instalación. Debe tener vista al sur con visibilidad. Abstenerse el agente Camilo, y sus chivatones y chivatientes, sapos, envidiosos, preguntones, agentes golpeadores de damas de blanco, agenticos de la UCI y traductores con faltas ortográficas.”

Revolico es político, porque la vida diaria de mi gente también lo es. No solo en los términos de la política tradicional, sino también a un nivel más profundo y más orgánico. En el ancho espectro que va de la supervivencia a la opulencia, mi gente consume de manera desafiante lo que no está autorizada a consumir. Pagando lo que no debiera poder pagar. Haciendo lo que no se supone que pueda hacer.

La esclavitud y el consumo no son dos caras de una misma moneda. En el retorcido universo cubano de hoy, consumir es también una forma de hacer ciudadanía. Muy pocos espacios virtuales de la cubanidad son tan profundamente democráticos como Revolico, este repertorio de apetitos donde tanto se compra, se vende, y se aprende.


Texto: Adrián López Denis, Profesor de Historia.
Logotipo para Revolico: Glexis Novoa, Artista

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