Donde hay hombres no hay fantasmas

Entre 1972-1973, en el Chile de Allende, hubo internet. El genio en cuestión se llamó Stafford Beer y su Cybersync conjugaba cibernética y sinergia, un milagro tecnológico en la antesala socialista. El proyecto fue, sin duda, un intento de centralización y control de la economía estatal con dos raras distinciones: ni capitalista ni militar. Parafraseando a su autor, se trataba de implantar un sistema nervioso electrónico en la sociedad chilena, donde la información aún se procesaba manualmente, es decir donde aún lo analógico tendría el poder de humanizar los procesos.

Algo similar –pero bajo otras instancias de control– debe suceder en Cuba. Quién no sea parte del sistema, se convierte en un outsider de la UCI (Universidad de las Ciencias Informáticas), un extra de ese territorio empático con la ciencia ficción policial. La solución laboral de estos cibernéticos e informáticos se reduce entonces a la construcción de páginas webs cuya operatividad está normada por las escasas posibilidades de conexión de la isla y su gestión, al control personalizado de sus contratantes: entidades públicas o privadas.

Existen excepciones, que sin deslindarse de esa lógica transaccional, intentaron activar algo verdaderamente útil en la estructura de la economía cubana: las plataformas de servicio. En particular es rescatable la estructura de un servicio que cohesione y dinamice la economía informal interna. Un sistema que permita que los individuos puedan acceder a una instancia donde promocionar y comercializar sus productos y/o servicios, fuera del marco de regulación que establece el Estado. Este es el caso de Revolico. Un proyecto que recuerda, salvando las distancias de control e intervención macro-estatales, la combinación de cibernética y sinergia de la utopía socialista Allende-Beer.

Se habla de Revolico como una suerte de Ebay cubano. Si bien la estructura de la página cumple con aspectos elementales de la relación capitalista producción-consumo (oferta-demanda y establecimiento de un valor en papel moneda), creemos que su puesta en escena controla el consumo dentro de esta ecuación sin hacerlo con intencionalidad específica, sino dando paso a una básica relación de intercambio. Es decir, suscribe lo que Marx reconocía saludable en una transacción económica: mercancía-valor de uso. Vamos hacía allí.

Las páginas que centralizan operaciones mercantiles en la red, como Ebay o, Craigslist, entre otras, no establecen –salvo excepciones– relaciones entre sujetos; se trata de una ecuación de producción-consumo donde el dinero –transferido en procesos bancarias cifrados– se convierte en un fantasma. El dinero es, en esos tratos, el sujeto “mediador” fantasma. Por ello, al estar a un click la posibilidad de adquisición de determinados objetos, se facilita la traducción del deseo –por ciertas mercancías– como insuficiencia y/o carencia de ellas; desde esa perspectiva se produce la acumulación.

De esta manera se rompe el ciclo o imperativo de ‘la necesidad’ o del ‘valor de uso’, sustituyéndose por otro tipo de valores que enaltecen el hedonismo vital en la economía contemporánea: valores estéticos, especulativos, etc. Ahí el “fantasma”, entiéndase el dinero, define en mayor o menor medida el carácter de la economía política. Su valor mutante crea los sistemas especulativos del mercado y del capital y por tanto la plusvalía de ciertas mercancías y de ciertas instancias productivas (empresas, mercados, plataformas comerciales, etc.).

Sin embargo, dentro de una plataforma donde se dan servicios de compra-venta sujetos a la personalización, donde se trastocan elementos de mercadeo y publicidad con la estructura de producción, ¿cómo se articula una ecuación de mercado? Revolico no “estimula” per se una operación comercial dentro de la red cubana, ni siquiera es un modelo de centralización u organización de ese mercado, es en todo caso la antesala de una bolsa doméstica que surge de las urgencias más básicas. Es una respuesta concreta que deviene instrumento de medición de los parámetros de valor en una economía inminentemente desregularizada.

En tanto actor incidental de esa economía interna, Revolico es metafóricamente una bomba de tiempo, una a la vez, cada vez. Explico: cada llamada telefónica, cada e-mail, introduce formas de relación que dinamitan la críptica y precaria economía estatal, pero también el carácter privado de las relaciones interpersonales. Su estructura de relaciones comerciales, enfocadas de sujeto a sujeto, minimiza –extraña aspiración marxista– la posibilidad desmedida de consumo ante el inconveniente para agrupar varias transacciones en una, pero a la vez genera relaciones de control y encubrimiento personales, debido a que no existe ningún andamiaje de legalidad para las mismas. De forma simultánea el dinero de estas transacciones –entiéndase en este caso el concreto papel moneda– vuelve a rendir su valor referido, no ya a las reservas de plata u oro de la banca cubana, sino a su monto en una economía dolarizada.

La estructuración de un servicio cubano para transacciones comerciales opera hoy como una gran metáfora del funcionamiento de la economía local en las últimas décadas. La necesidad individual de acceso a determinadas mercancías también ha acarreado ilegalidad, inseguridad y valores desregularizados como daños colaterales. Lo único que sigue siendo un índice o lugar común, es ese apego cubano al papel moneda extranjero, tal vez como recordatorio de lo crípticas y complejas que nos han sido la economía y sus derivas científicas en el marco de un capitalismo a la usanza o de un modelo liberal; de lo ajeno que nos ha sido insertarnos en otra lógica de valores que no sea la materialización del “fantasma”.


Texto: Clara Astiasarán, Crítica de Arte, Escritora, Curadora
Logotipo para Revolico: Hamlet Lavastida, Artista



[1] La frase que da título a este texto está relacionada a Silvio Rodríguez y aparece en la entrevista que concedió a Víctor Casaus y Luis Rogelio Nogueras y que se publicó como un libro “Silvio: Que levante la mano la guitarra”. La Habana: Letras Cubanas, 1984. Sin embargo la frase –según reconoce Rodríguez– forma parte del acervo cultural cubano.

auto renovables | ¿qué es esto? | ¿quiénes somos? | retombée | ayuda | faq | contactar | facebook | twitter

condiciones de uso | aviso legal | política de privacidad | política de cookies

© 2007-2019 revolico