Disculpen si no compro nada

Dicen que me burlo cuando comparto y comento anuncios que leo en el Craigslist de Miami; los anuncios de cosas que se venden en Cuba:

“Se vende aire acondicionado de 6000BTU marca LG Gold en 350CUC y una casa en Holguín Cuba.”

“Tengo dos pinturas de mi cuñado que vive en Cuba y se dedica a pintar. Se escuchan ofertas.”

“Se alquila casa en Guanabo para el verano.”

“Mercury 1949 carro clásico en impecables condiciones $26.000.”

“Casa en Matanzas 80.000CUC.”

Lo que más hay son casas. Van acompañadas de fotos, a menudo con personas. En una, una rubia se saca un selfie en el cuarto de baño, para retratar el cuarto de baño. En otra, una mujer abre las piernas en un sofá, para mostrar un sofá. En otra, una familia entera sale por la puerta principal. La mayoría muestra interiores, cuidadosamente preparados, a veces espartanos, a veces recargados de enseres, muebles, adornos.

En una, dos mecedoras sencillas de madera se alinean frente a un televisor de la era atómica, con un ventilador de pie, chino, apuntando a cada una. La tele, en un soporte de hierro para plantas de balcón, es de plástico blanco perla como aquellas que salen en las películas mostrando el primer Apolo llegando a la luna. Uno se imagina a una pareja de edad, sentada cada uno en su mecedora, cada noche mirando juntos en la misma dirección, la de la tele, en lugar del uno al otro (eso es el amor, se dice). Al fondo, dos sofás lucen encajes de ganchillo.

A mi me gusta mostrar estos anuncios en Facebook tal cual, pero esto de las casas levanta ampollas. Que me burlo, que tengo el alma así de chiquita. Los académicos americanos, dicen los que comentan desde su exilio, nos burlamos del inocente kitsch (así dicen). No tenemos sensibilidad, somos tontos, sarcásticos, infelices. Satanizamos las casas cubanas, causando dolor en el pecho de aquellos que un dia vivieron en ellas (o no). Porque a ellos les da ternura, pero a nosotros, que ni las compramos ni las sentimos, no nos da nada. Las reproducimos, como en una especie de stiob silencioso: en su réplica literal radica nuestro sarcasmo.

Porque la mirada nunca es limpia cuando ni compra ni siente. Fuera del mercado y del sentimiento solo hay obscenidad. El flaneur virtual pasea sus ojos sin avidez por las imágenes de objetos y lugares en venta, por curiosidad, por matar el aburrimiento, como lo hicieron otros por las arcadas de Paris hace más de cien años, porque no había nada mejor que hacer. Pero entonces el espectáculo del consumo era nuevo y no todos participaban. Hoy no se concibe de una curiosidad sin deseo de apropiación. No hay lugar para la mirada que crea distancia en lugar de intimidad. La ausencia de deseo es inmoral: esa es la paradoja de nuestro tiempo. Fuera del capitalismo está lo que en la Edad Media se describía como el bosque: el caos.

Asi cerramos el círculo pues las casas que atraen la mirada han estado fuera del mercado hasta este momento. Nuestra mirada sin más se percata de ese tránsito difícil, inexplicable, entre lo que la teoría marxista llamaba “valor de uso” y “valor de intercambio.” Las imágenes que acompañan a las casas en venta revelan a veces lo primero y a veces lo segundo. En los encajes, las mecedoras, las pinturas del cuñado y la rubia del espejo está el dolor de la pérdida. En el aire acondicionado y la placa del techo está la esperanza de la ganancia. Para el flaneur –para mí-, en cambio, está la oportunidad de fantasear personajes para esos escenarios ajenos. Porque es en la distancia entre el valor de uso y el valor de intercambio –entre el sentimiento y el mercado- donde está la imaginación.

Disculpen si no compro nada.

Texto: Ariana Hernández Reguant, Antropóloga, ensayista, editora de la revista Cuba Counterpoints y miembro de hiccup (hialeah contemporary culture project) [email protected]
Logotipo para Revolico: Jorge Pantoja Amengual, Artista

auto renovables | ¿qué es esto? | ¿quiénes somos? | retombée | ayuda | faq | contactar | facebook | twitter

condiciones de uso | aviso legal | política de privacidad | política de cookies

© 2007-2019 revolico